El gaslighting político: manipulación psicológica en el discurso público mexicano
Analizamos cómo la manipulación psicológica, conocida como hacer luz de gas, afecta la percepción ciudadana en el debate político nacional.

El fenómeno del gaslighting o «hacer luz de gas», definido como la manipulación sistemática para que una persona cuestione su propia percepción de la realidad, ha ganado relevancia en el análisis del discurso político en México. Durante los últimos meses, diversos observadores sociales han señalado que esta táctica es utilizada en la arena pública para invalidar hechos verificables, generando una erosión en la confianza que los ciudadanos depositan en la información oficial y en los medios de comunicación.
Esta estrategia de comunicación, que busca desestabilizar la seguridad cognitiva del interlocutor, se manifiesta mediante la negación reiterada de eventos ocurridos, la alteración de datos públicos o la ridiculización de quienes cuestionan una narrativa dominante. Especialistas en análisis político advierten que cuando este comportamiento se institucionaliza, el debate en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República pierde su función democrática, convirtiéndose en un ejercicio de confrontación de realidades divergentes en lugar de una búsqueda de consensos.
El uso del gaslighting político impacta gravemente el tejido social, pues obliga a los ciudadanos a dudar de sus propias vivencias ante la constante contradicción de los hechos. Al intentar sustituir la evidencia documental por relatos construidos, se debilita la labor de instituciones fundamentales como el INE o la SCJN, las cuales dependen de una percepción compartida de la legalidad y la verdad para ejercer sus funciones constitucionales.
Aunque diversos grupos parlamentarios han propuesto la creación de mecanismos de verificación de datos para contrarrestar estas prácticas, la implementación de tales medidas sigue siendo un tema de debate en el Congreso. La propuesta central de estos grupos es fomentar una mayor transparencia en las Secretarías de Estado para que la información técnica y los datos del INEGI sean la base única de la discusión pública, evitando así la distorsión de la realidad.
En última instancia, el gaslighting político no solo busca ganar una contienda discursiva, sino transformar la estructura cognitiva de la población. La resistencia frente a estas tácticas requiere, según expertos, un ejercicio constante de memoria histórica y la consulta de fuentes oficiales contrastadas, garantizando que el derecho a la información sea una herramienta efectiva contra cualquier intento de manipulación psicológica en la vida democrática del país.


